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AXIOMAS DEL COACHING

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Coaching: significado y acción

Escuchamos de acuerdo a las inquietudes que estamos viviendo y según las opciones que estamos manejando en cada momento para resolverlas. Dicho de otra manera, siempre estamos escuchando en el otro una respuesta a la pregunta que tenemos en nuestra cabeza.

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¿Podemos conocer el mundo?

No somos diferentes de otras entidades físicas que nos rodean, somos afectados por aquellas entidades a las que nos exponemos. De tal manera que lo único que podemos "conocer" es aquello que nos sucede a nosotros mismos al transformarnos en el encuentro con el mundo.

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Debilidades y fortalezas

Una reflexión que a veces les hago a gerentes que vienen a consultar preocupados de sus "brechas" y sus debilidades. “Las debilidades no se tienen” porque no se puede tener aquello que nos falta. Sólo podemos trabajar a partir de lo que se tiene, y lo único que tenemos son nuestras habilidades, nuestros conocimientos, nuestras fortalezas.

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Destrabar nuestro potencial

Tenemos un punto ciego que está justo detrás de lo que observamos. El punto ciego es el punto de vista desde donde vemos las cosas: nosotros mismos.

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El poder de las emociones y el coaching

Enviado por Alvaro Godoy el 06/04/2009 a las 01:25 AM

 

Todo este asunto se trata de un asunto poder”- le dije. Era, en síntesis, de lo que estábamos hablando en todas las sesiones de coaching.

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Con mi coachee estábamos trabajando la relación entre su dificultad de expresar sus emociones y su angustia. En un momento le pedí que me describiera corporalmente, que teatralizara exteriormente lo que le pasaba interiormente cuando no podía expresar lo que estaba sintiendo y se “congelaba” -según sus propias palabras. Su representación fue la de un cuerpo flácido, como una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos, como un títere abandonado en un sillón.

La perdida de contacto con las emociones nos deja sin poder. Y es la falta de poder lo que genera la angustia. Por eso la angustia es vivida como una pequeña muerte, como una perdida de fuerza interior, como si te desenchufaran…como si te desconectaran del poder.

(¿Se han fijado en los hilos de marioneta del afiche de la película El Padrino?. El Padrino maneja a la mafia, pero...¿quien maneja al Padrino? ¿Donde esta el poder?)

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Le llamamos emociones a las sensaciones corporales (producto de reacciones fisicoquímicas) con que nuestro cuerpo responde a los cambios del entorno y nos predisponen a cierto tipo de acciones…y no otras. La desconexión con nuestras emociones nos privan de esa base de sustento fisiológico para actuar con fuerza, con convicción…con poder.

 Así como la electricidad en las máquinas, las emociones son nuestra fuente de poder. Cuando perdemos conexión por alguna razón con esa fuente, cuando el flujo de información emocional se traba de  alguna manera, es como si literalmente nos desenchufaran. Si por alguna razón le tenemos miedo a nuestras propias reacciones (que ciertas emociones disparan en nosotros), tratamos de cortar la comunicación con nuestra emoción para apagar o mitigar nuestra reacción. La emoción entonces se queda sin escape, se acumula en un callejón sin salida, se vuelve en contra nuestra y nos hace daño.

¿Cómo sucede esto?

Los juicios que traban

En algún momento de este proceso normal de emoción-reacción, se nos ha enquistado un juicio. Ese juicio frena y termina acallando los mensajes de la emoción al cuerpo (o al menos eso sentimos en lo inmediato) y del cuerpo a la acción coherente. Este proceso de “modulación” es visto por la sociedad como parte normal de nuestra adaptación al medio y a los diferentes contextos. De otro modo actuaríamos como seres irracionales o meramente reactivos, nos dicen todos los libros. Y en verdad nos enseñan desde niños a controlar nuestras reacciones y acallar las emociones. Sin embargo,  se nos enseña muy poco a escuchar y respetar nuestras emociones, ni menos como darles una expresión sana.

¿Qué sucede entonces con nuestras emociones? ¿A dónde se van? …como preguntaría Silvio Rodríguez.

Si no se transforma en acción, la emoción se queda – permanece- en el cuerpo y en la mente. Cuando se queda en el cuerpo detenida nos enfermamos, es decir, tenemos reacciones fisiológicas inconsistentes con el contexto. Sentimos frio, cuando en el ambiente no existe un estímulo para aquello (nos congelamos). Nos duele el estomago cuando no hemos comido nada malo. Nos enfermamos de algo en la garganta  envenenados de palabras que no dijimos. En la mente, que es otro órgano de nuestro cuerpo, entra una plaga de reproducción muy rápida. Nos llenamos de juicios cargados de resentimientos. Juicios sobre los otros, aquellos que parecen ser los provocadores de nuestro malestar, incomodidad o desasosiego. Esos juicios quedan ahí, parapetados en el silencio de la garganta, dan vueltas en nuestra cabeza como leones enjaulados y ocupan nuestra mente completamente sin dejarla pensar en lo que ocurre en el presente- que es la función normal de este órgano. La mente se confunde, colapsa, atacado por un virus que ocupa todo su ram. Podríamos decir, de cierta manera, que estos juicios están a cambio de acciones no realizadas. O dicho de otro modo, que construimos un juicio para evitar actuar.

Cuando la energía de la emoción no se transforma en acción, es porque seguramente ha sido derivada a la cabeza. En los vericuetos de la mente empieza a seguir un recorrido que termina por enfriarla y desgastarla. Su mensaje nos llega debilitado, contradictorio y confundido por los ruidos de otros mensajes que van surgiendo en el camino. Pasamos, por ejemplo, del miedo a la explicación del miedo y de este a la causa del miedo, y de la causa al causante. Finalmente el miedo se ha transformado en rabia, la rabia que genera nuestro propio juicio contra el supuesto causante de nuestro miedo. Pero el miedo sigue allí, sin respuesta….¿Y que pasa cuando no tenemos permiso para expresar tampoco esa rabia, cuándo tenemos miedo de nuestra rabia?

Quedamos congelados, desactivados, tratando de desoír los mensajes del miedo y de la rabia, pues son mensajes sin destino, sin posibilidad de expresión. Mensajes que sólo nos perturban y nos inquietan. Finalmente nos quedamos con una extraña y confusa sensación de angustia. Atrapados y parapetados en la mente, el último refugio contra la emoción, pero sin energía y sin poder.

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Lo que más nos preocupa no es lo que nos hicieron, es lo que nosotros dejamos de hacer.

Alvaro Godoy

Coach Integral Universidad Católica


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Varias personas me han escrito a mi mail sobre problemas que viven en su trabajo o con su pareja.Estas historias son muy humanas, reflejan lo probablemente sufren muchas personas que necesitan compartir sus experiencias para poder tomar una buena decisión.  

Una de esas personas es Juan (su nombre anónimo) que quiso contarnos su historia (ver artículo en http://alvarogodoy.bligoo.com/coaching-y-pareja#content-top). Al escribir esta carta Juan ya empezó a cambiar aquello que lo estaba hundiendo, se dio cuenta que necesitaba otra mirada sobre lo que estaba viviendo y se puso en acción. De esta manera comenzó a tomar las riendas de la situación y comenzó a ser más protagonista de su vida. Esta decisión ya refleja un cambio en Juan que no es menor; una conciencia de que necesitamos a otros para ver nuevas perspectivas. Este el inicio de un camino de poder.


Los invito a compartir su historia en forma anónima a mi mail alvarogodoy@uc.cl, a través mensajes internos a este blog o simplemente  comentando este artículo. Y los invito a hacer preguntas a las personas que compartan sus vivencias. De esta manera podrán sentirse más acompañados y acogidos.

 


Compartir nuestras inquietudes es el comienzo de hacernos cargo de ellas. Te envito a escribir sobre situaciones o dilemas de tu vida personal o laboral, para que podamos comentarte o sugerirte otros caminos y otras miradas. Puedes escribir en CONTACTO con tu nombre o un seudónimo.


Tambien puedes contactarme en mi consulta privada en Edificio Alcantara, Apoquindo 3990 of 1005. fonos: 2070926  y 09-82287488.


Alvaro Godoy H.

Diplomado Coach Integral

Universidad Católica de Chile